Angustia



Te zafas con tanta ligereza de la angustia que yo quedo detrás, rezagada e inútil ante tu terapéutica escapada. Me detengo temblando ―como cuando corrimos por el parque― y suspiro como si no estuviera preparada todavía para espantar contigo a las sucias palomas de tu anhelo. Luego tú, cuando grito, te das cuenta de que no puedo más y me dices, exhausto, que el amor que me tienes… Yo no puedo ni hablar y por eso te responde mi mueca y un jadeo impotente mientras de pronto tú determinas que lo mejor sería hacer un alto, por si acaso.


About this entry