Madrugada

Qué paz ésta de las cinco de la mañana. No hay nada más que silencio. La casa es un sepulcro y levantarme y recorrer sus rincones vacíos —pareciera que desde hace muchos años— me convierte en una especie de espíritu, esa clase de no-existencia en la que no creo. Este tipo de muerte es una experiencia placentera que ya he vivido entes, en otras casas, en todas las casas. Me detengo, no iogo más que el eco de mis pasos (también hay eco en un lugar tan pequeño), prosigo, escaleras abajo de este palacio, de este panteón en el que todos duermen aún. Imagino que durmieran para siempre. La madrugada es mi particular salto temporal en la vorágine que habito día tras día, sin tiempo siquiera para detenerme y escuchar el profundo sonido del silencio.


About this entry