Nota
Siéntate. Piensa en las pérdidas, en la debacle. Si al principio no puedes, esfuérzate. Verás que no es imposible iniciar tu autodestrucción, y verás también que aún es más sencillo ir consumándola poco a poco. Es importante que no desvíes tus pensamientos hacia nada que se aleje de aquello que te hace llorar. En unos instantes lograrás que tus ojos comiencen a humedecerse y enseguida notarás cómo brotan las primeras lágrimas. No las seques: evita el clínex. Deja que tu vista se nuble por completo. Comenzarás a no ver nada. Cuando llegues a esta fase ya no te sacará de tu estado ni la música que ha puesto la vecina a todo volumen, ni la luz que entra por la ventana. Estarás hundido. Entonces, toma el papel que tenías preparado, y el lápiz. Escribe: «Adiós, os dejo para siempre». Abre el frasco y duerme. Cuando suene el timbre, levántate de un salto y recoge el frasco, tira el papel a la basura, sécate los ojos, sírvete una copa de vino y di: «Hola, mi amor, ¿cómo te ha ido el día?».
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- Published:
- 24 Septiembre, 2006 / 9:13 am
- Category:
- Prosas
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