Vistas

Mary Levrai descansa frente a la ventana. Esta tarde, una mujer muy joven le frotó los pies con lilimento. Sólo entonces Mary Levrai pudo sonreír un poco. Y ver los árboles, los niños jugando a la pelota en el campo vecino, los aviones atravesando el cielo en todas las direcciones… Mary Levrai pudo haber visto también cómo otra mujer joven empujaba la silla de Claude Monard por el pasillo blanco, mientras decía: «Pobre hombre», pero prefirió no hacerlo.


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