Tertulias
Hoy tendremos tortura. Nos reuniremos a eso de las siete para comprobar que M. ha hecho los deberes y que B. ha escrito un nuevo poema. Se nos recitará por duplicado, primero las lecturas de M. y cada una de sus precisas referencias y, seguidamente, el poema de B. Los demás nos miraremos con cara neutra, con la cara como pasada por la lejía del aburrimiento. Miraremos a quien lea mostrando mucho interés, eso sí: «Ist es ein lebendig Wesen, Das sich in sich selbst getrennt?». Goethe impedirá que le entendamos, pero M. traducirá: «¿Será este árbol extraño algún ser vivo que un día en dos mitades se dividiera?». Tal vez lo sea, pensaremos, y recordaremos que una vez E. nos juntó en la tertulia, en un único árbol ahora dividido.
Todos llevaremos un papel escondido con nuestro último escrito, ése que no leeremos. Nos parecerá que nuestras reflexiones carecen de parangón. ¿Pero, de parangón con qué? B. nos resolverá la duda: de parangón con el sublime estro de no sé qué profesor nórdico de nombre impronunciable. Dejaremos que pase nuestra decepción con un trago de chateau, del chateau que traerá M. Pero alguno de nosotros, cansado de la recitación erudita de incontables detalles de la vida de Chaucer —del tipo de anécdotas que de haberlas vivido nosotros jamás les hubiéramos prestado atención—, abrirá de nuevo su carpeta, con timidez, e intentará comenzar a leer algo que escribió durante la semana, un poema. Pero M. replicará a B. que «no está de acuerdo», que «Lovestrand carece de obras mayores» y que «The Turn of the Turned es sólo una obra de juventud, una tentativa desafortunada de emular a su maestro, al gran Reningsdale, autor de The Turned of the Turn», así que el desafortunado protolector intentará alzar la voz, para saltar sobre la interesantísima conversación de M. y B. y llegar a los oídos de alguno de los otros tertulianos. Finalmente lo logrará, y comenzará a leer su escrito, su poema. Será breve y al terminar su lectura doblará el papel y lo guardará mientras el silencio golpeará sus oídos con tanta fuerza que será incapaz de oír cómo M. le dirá a B.: «Como te comentaba, en la entrada de la primera edición de la Enciclopedia Británica dedicada a Hubish…». El osado lector se sentará mañana ante el teclado y escribirá esto.
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- 29 Septiembre, 2006 / 2:25 pm
- Category:
- Prosas
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