Uno

Eve d’Arc vivía sola en su ático. Fumaba más de lo debido y soportaba el tiempo como podía. Había dejado el trabajo hacía mucho, y se mantenía con lo poco que obtenía de su portal. Al principio esta ocupación le pareció una solución transitoria que le permitía no tener que salir mucho de casa, pero más tarde fue la excusa perfecta para no hacerlo nunca. Llegó a convertirse en una experta compradora online y a acostumbrarse a vivir prescindiendo de la ropa. Sólo usaba una bata cuando tocaban el timbre los mensajeros. El resto del tiempo lo pasaba desnuda y rodeada de webcams. Se había ido quedando sola. No contestaba al teléfono y rompía la correspondencia que le metía el cartero casi a diario por debajo de la puerta. Tampoco leía el correo electronico: su único contacto con el mundo exterior se producía a través de Internet y se limitaba a la compra de comida y libros a domicilio. Leía y leía: no ofrecía más a su clientela. Y de vez en cuando revisaba su cuenta corriente. Los ingresos eran escasos. El tipo de internautas que visitaba su dominio solía tener otras inclinaciones, y aunque Eve era consciente de ello sabía también que no podía dar más que su imagen desnuda leyendo en el sofá, en la cama o en una silla de la cocina. Aunque a veces, inevitablemente, disfrutaban de un panorama algo menos literario, pero sólo por pocos minutos; Eve d’Arc realmente desconocía si en esos momentos había alguien conectado, alguien mirándola. En realidad, con el tiempo dejó de pensar en ello. Vivía y ya está. Pasaba su tiempo desnuda, leyendo por la casa. Se había cuidado de no dejar rastro de su existencia. En su página no aparecían datos postales ni teléfono, sólo un recuadro de 450 x 300 pixels y un botón de Paypal para en acceso al contenido. Cuando un cliente cumplimentaba el formulario, podía disfrutar de la visión de Eve durante una hora. Nada más. Un día la policía dio la voz de alarma: el cuerpo de Eve d’Arc yacía ensangrentado en una página web. Cuando por fin pudieron localizar el servidor donde se alojaba, lo descolgaron.


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